Padre: las repetirás a tus hijos. 

Deuteronomio 6:7 “Y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.”

Por la gracia y la misericordia de nuestro Padre celestial, el día de hoy estaremos profundizando en unos de los fragmentos más conocidos del antiguo testamento. Y vale la pena anotar que aunque este sermón está dirigido a los padres como principal receptor, las madres, y hasta los abuelos (según el v.2) están también involucrados en este mandato expuesto por Moisés pero inspirado por Dios mismo. 

Para empezar es necesario entender un poco el contexto de estos versículos; Israel está a punto de entrar en la tierra prometida. Dios les ha sacado de la esclavitud en Egipto y les ha sustentado y guardado literalmente durante 40 años por el desierto, y estando a punto de entrar a Canaan Dios por medio de Moisés les advierte y les da instrucciones claras y precisas que les serán de vital importancia para su preservación en medio de un entorno pecaminoso al extremo. No era simplemente un cambio geográfico, o cultural, era  una transición que pondría a prueba sus creencias, sus principios, estaban a punto de entrar en una transición económica, y de valores muy profundos y fundamentales. La tierra a donde entrarían estaba llena de idolatría y paganismo, los cananeos eran reconocidos por su adoración a ídolos como baal o molec, a quienes se acostumbraba a adorar por medio de la perversidad sexual, inmoralidad, sacrificios de niños entre otras prácticas paganas de las cuales Dios les advierte y les exhorta de manera enfática en este capítulo 6. En ese contexto, vale la pena resaltar que Dios no les entrega primero estrategias militares, o de supervivencia cultural, sino de preservación de Su Palabra. Y dentro de esa Palabra, establece una responsabilidad solemne: la transmisión de la verdad en el hogar a la siguiente generación. Sin duda alguna la generación que se levantará en la tierra de canaan no habrá visto la mano poderosa de Dios sacándolos de la esclavitud y guardándolos durante su travesía por el desierto, por eso era una asunto de vida o muerte el que los padres se aseguraran de transmitir este mensaje de la Palabra de Dios a esta generación que crecería rodeados de maldad, y tentaciones al extremo. 

Teniendo en cuenta este contexto, podemos iniciar con el versículo 6 donde encontraremos el primer punto de nuestro estudio:  La Palabra debe primero transformar al padre, mis amados hermanos el texto comienza donde toda verdadera piedad comienza: el corazón. Dios que conoce hasta lo más profundo de nuestro ser sabe si esta es una realidad en nosotros, no podemos enseñar algo que nosotros mismos no vivimos, por eso inmediatamente después del gran mandamiento conocido como el Shemá, al cual Cristo mismo hace referencia como el gran mandamiento o más importante en Marcos 12:29, Deuteronomio nos muestra que estas palabras estarán primero en nuestro corazón, no en la mente como simple conocimiento, o religiosidad, la expresión corazón nos habla de lo más íntimo, lo más profundo de nuestro ser, de donde salen nuestras motivaciones, intenciones, pensamientos y acciones. Lo cual implica sin duda alguna que si Su Palabra ha transformado nuestro corazón, se reflejará en nuestra manera de vivir. Entonces, la Escritura no describe aquí a un hombre que simplemente aprende principios religiosos, sino a uno que vive bajo la autoridad de la Palabra de Dios. 

Siguiendo con el v7, hay un mandato expreso el cual es el centro de este mensaje. La expresión “Y las repetirás a tus hijos…” nos muestra el segundo punto de énfasis de este sermón: Dios llama a los padres a servir como instrumentos de enseñanza. Sabemos por la Escritura que nuestro Todopoderoso Dios en su eterna sabiduría actúa usando como instrumento diferentes instituciones, cosas o personas; por ejemplo El obra por medio de la Iglesia, usa gorbernantes, usa personas, usa circunstancias, entre otras, todo para la gloria de Su Nombre. Y uno de estos medios es el hogar. Ahora, cabe aclarar que el padre no es salvador de sus hijos, ni regenerador de sus hijos, ni autor de la fe en sus hijos. Esa obra pertenece exclusivamente a Dios. Pero el padre sí es responsable según este versículo de enseñar la Palabra de Dios a sus hijos, de declarar la verdad, de exponer la Escritura, de confrontar el pecado. Entender correctamente este mandato nos guarda de dos errores muy comunes en nuestros días; la pasividad pensando que Dios hará todo y que yo no tengo ninguna responsabilidad, y el orgullo pensando que la fe de mis hijos depende de mí. El texto es claro mis amados hermanos, como padres tenemos la responsabilidad de enseñar a conocer a Dios por medio de Su Palabra a nuestros hijos, pero es Dios por medio de la obra de Su Espíritu Santo quien les convencerá y los traerá a los pies de Cristo como único camino y fuente de salvación, por lo tanto, cumplamos con amor y entrega absoluta nuestra responsabilidad, y dependamos totalmente de Su misericordia y gracia Divina. 

Ahora, la segunda parte de este verso nos muestra una realidad que no podemos ignorar: La Palabra de Dios debe ser la estructura absoluta sobre la cual se construye nuestra vida. Aquí el texto no nos muestra que la Escritura se estudia o se lee en algunos momentos en particular en la iglesia o en la casa, no se debe tomar como un programa religioso, sino como algo que hablamos y vivimos en todos los momentos de nuestra vida. La verdadera fe bíblica no está amarrada a momentos religiosos, nuestra vida entera debe ser vivida delante de Dios bajo todas las circunstancias que esta implique.

El padre, entonces, no es solo un maestro ocasional, sino un intérprete constante de la vida diaria bajo la Palabra de Dios. Ahora, esto sin duda alguna nace de la gracia de Dios, quien transforma nuestros corazones y nos lleva a anhelar Su palabra, estudiarla, meditar en ella y vivirla para también poderla transmitir a nuestros hijos. Pero nunca olvidemos del mismo modo nuestra responsabilidad de generar disciplinas espirituales que nos permitan llevar a cabo esta fundamental tarea. Disciplinas diarias tales como el estudio sistemático de la Escritura, la oración y comunión con nuestro Padre celestial. 

Por último, pensemos en el propósito por el cual Dios nos da tan grande responsabilidad, sin duda alguna Dios quiere que la generación que se levanta sea de hijos Suyos que le conozcan, le amen, y vivan para El. El objetivo no es simplemente fomentar una conducta moral en los hijos, sino generar en ellos un conocimiento del Dios vivo que los lleve al arrepentimiento y la fe en nuestro Señor y Salvador Jesucristo como único camino de salvación para su eternidad. Ahora, ese mismo propósito se aplica para este mandato a los padres Israelitas que están a punto de entrar en Canaan. Pero al igual que en nuestros días, el mayor peligro de Canaán no era cultural, sino espiritual, era olvidar a Dios, sustituirlo por ídolos, mezclarse con las costumbres paganas y corromper sus corazones. Por esta razón, el hogar se convierte para Israel y para nosotros hoy en día como el primer lugar de preservación doctrinal. Pero tristemente cuando entraron en Canaan y pasó el tiempo, esa primera generación junto con Josué fueron muriendo, y la generación que se levantó NO conocía a Jehová, e hicieron lo malo ante Sus ojos. Esto fue un gran desastre, adoraron a Baal y a Astarot, cayeron en prácticas decadentes e inmorales, idolatría, corrupcion sexual, mataron hasta a sus propios hijos ofreciéndolos como sacrificio a los ídolos como moloc, cayeron bajo juicio de Jehová, oprimidos por otros pueblos, en resumen, fue una desgracia absoluta, un fracaso estrepitoso. Pero Dios en todo ese camino de sufrimiento y desgracia levantaba jueces que que les mostraban el amor y la misericordia Divina. Todo esto se encuentra desde Jueces 2:7 en adelante. 

Mis amados hermanos, esto está escrito como ejemplo a nuestros ojos, roguemos a Dios que nos ayude a llevar a cabo la tarea a la cual El mismo nos ha llamado. Este llamado de Deuteronomio 6 no es primero a la habilidad o al talento, sino a la fidelidad y obediencia, Dios no busca padres perfectos, sino padres bajo Su Palabra, obedientes y sometidos a Su voluntad, que sembremos Su Palabra en nuestros hijos, y El conforme a Su voluntad, a Su tiempo les dará el crecimiento según 1 Corintios 3:6-7. A Dios quien da el crecimiento sea toda la gloria, Amén. 

Foto de Rajesh Rajput en Unsplash‍ ‍

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