El verdadero sentido de la ley. Los juramentos.

Mateo 5:34“Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios;”

Durante estos últimos domingos hemos estado estudiando cómo nuestro Señor Jesucristo no vino a abolir la ley, sino a darle su verdadero significado, a llevarnos directamente hacia Él por medio del verdadero entendimiento de la ley, ya que, como dice (Romanos 3:20) “porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado” es así que todos al mirarnos en el espejo de la ley estamos descalificados por causa de nuestros pecados, sin duda alguna nos damos cuenta de nuestra realidad, que para alcanzar el reino de los cielos nadie lo puede hacer por sí mismo, sino que dependemos completamente de un Salvador, de alguien que cumpla con el estándar que Dios da por medio de su ley, y ese únicamente es nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Por esta razón es fundamental entender el verdadero significado o espíritu de la ley; ya lo hicimos con referencia al homicidio, el adulterio y el divorcio. Y en esta ocasión estaremos estudiando acerca de un tema de mucha importancia que tiene que ver con nuestras palabras: los juramentos y la integridad de nuestra palabra. 

A primera vista del texto podría parecer que el Señor prohíbe todos los juramentos, pero, cuando leemos toda la Escritura con atención, vemos que lo que Jesús está enseñando es mucho más profundo. En primer lugar un juramento en la Biblia no es un simple acuerdo o promesa humana, sino que implica invocar a Dios como testigo, llamando sobre nosotros su juicio si hablamos falsamente. Isaías 45:23 nos muestra que Dios mismo jura: “Por mí mismo he jurado; toda rodilla se doblará ante mí…”, y Génesis 22:16–17, así como Salmo 110:4, confirman que los juramentos son serios y solemnes. En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo hace lo mismo: en Romanos 1:9, 2 Corintios 1:23 y Gálatas 1:20, Pablo invoca a Dios como testigo de la verdad, mostrando que los juramentos legítimos son correctos y necesarios cuando se usan para afirmar la verdad, no para manipularla.

Entonces, teniendo como premisa que la Biblia jamás se contradice, y que Dios nunca se equivoca, para entender mejor la exposición de nuestro Señor con estas palabras necesitamos aplicar una regla de la hermenéutica que dice que la Escritura explica la Escritura. Es decir, que no podemos tomar solo un versículo y armar una doctrina de el, sino que debemos mirar el mensaje completo del capítulo, del libro, y de la Escritura entera si es necesario. Entonces mis amados hermanos, para comprender lo que Jesús condena, debemos mirar el contexto histórico de su época. Los fariseos habían corrompido los juramentos. Esto lo vemos claramente en (Mateo 23:16-22) y nuestro Señor Jesucristo denuncia su hipocresía. Mis amados hermanos, esto revela un sistema legalista y corrupto, en el que podían mentir dependiendo de la fórmula que usaran para jurar. Así que, Jesús no está meramente prohibiendo los juramentos en sí, sino la manipulación, la hipocresía y la mentira, la ley decía en (Deuteronomio 6:13) que jurarían por Dios y porsupuesto debían cumplir su palabra, pero los fariseos habían torcido la ley nuevamente y habían agregado el jurar por cosas no tan solemnes según ellos como el cielo, o la tierra, etc, para de algun modo no sentirse tan obligados a cumplir sus juramentos. 

Para entender un poco más, consideremos la raíz hebrea de la palabra usada en los textos del antiguo testamento: Isaías 45:23 usa (nishbati) para mostrar el juramento solemne de Dios; Génesis 22:16–17 y Salmo 110:4 usan la misma palabra que significa “Por mí mismo he jurado”. Es decir, nos dice que un juramento implica poner a Dios como testigo. Esto nos enseña que los juramentos legítimos son serios y profundamente reverentes, y que no pueden ser manipulados para evadir la verdad o para beneficio propio.

También en el Nuevo Testamento el apóstol Pablo pone a Dios como testigo en juramentos y dice: “Dios me es testigo”, “invoco a Dios por testigo sobre mi alma”, “he aquí delante de Dios que no miento”. En 

Romanos 1:9, 2 Corintios 1:23 y Gálatas 1:20. Aquí vemos que los juramentos son una herramienta para afirmar la verdad, no para manipularla ni evadirla. Esto confirma que las palabras de Jesús no están condenando los juramentos en si, sino la hipocresía, manipulación y falsedad de los líderes religiosos del pueblo para poder mentir o romper su palabra sin ningún cargo de conciencia. 

En segundo lugar, Jesús nos llama a una veracidad radical, a que nuestra palabra sea confiable y suficiente, de modo que nuestro “sí” y “no” reflejen la verdad sin necesidad de fórmulas vacías como las que usaban los fariseos. Es decir, cuando un cristiano dice si, podemos estar tranquilos que esa persona hará todo lo que humanamente pueda hacer para cumplir su palabra. Al igual que cuando dice no. Esto sin duda reivindica la falta de credibilidad en nuestros días, de las palabras del ser humano del común. Mis amados hermanos las palabras hoy en día ya no tienen el mismo peso en la sociedad, nos hemos visto obligados como humanidad a firmar pagarés, buscar codeudores, prendas, hipotecas, garantías, videos, pruebas entre muchas otras maneras y estrategias de hacer que los seres humanos del común cumplan su palabra. Pero mis amados hermanos nosotros no somos del común, hemos nacido de nuevo, somos nuevas criaturas creadas en Cristo Jesús para buenas obras. Debemos ser personas confiables, veraces, que cumplamos nuestro sí o nuestro no sin necesidad de juramentos. Jesús nos dice que la palabra de un cristiano debe ser suficiente, que no necesitamos fórmulas ni trampas para respaldarla, porque Dios está observando, porque nuestra integridad está en juego. Nuestra palabra debe ser confiable sin necesidad de juramentos. Ahora, si en algún caso necesitamos jurar, debe ser solemne y reverente, invocando a Dios como testigo. Debemos evitar la manipulación y la evasión de la verdad. Nuestra integridad es un testimonio del Evangelio.

Mis amados hermanos, Jesús nos llama a una integridad total en nuestra palabra, donde nuestro hablar refleje la verdad de Dios y no dependa de fórmulas legales ni manipulaciones. Dios mismo jura, Pablo jura, y nosotros podemos invocar a Dios como testigo cuando sea estrictamente necesario y solemne, pero nuestro “sí” y “no” deben ser suficientes, porque Dios observa y conoce nuestro corazón. Preguntémonos por un momento donde queda nuestro testimonio o autoridad cuando faltamos a nuestra palabra con nuestros hijos, o con nuestra esposa, o con nuestros hermanos; sin duda podemos perder credibilidad y autoridad, lo cual traerá otros problemas a nuestra vida. Por esto Dios quiere que seamos cuidadosos con nuestras palabras, que seamos confiables porque representamos en esta tierra a un Dios confiable. Roguemos al Señor que nos ayude a vivir con palabra íntegra, que nuestras vidas sean confiables y que nuestra comunicación refleje la honestidad radical del Evangelio, para gloria de su nombre.

Por último mis amados hermanos, cada vez que hablemos, cada vez que prometamos, cada vez que afirmamos algo, debemos preguntarnos: ¿Estoy diciendo la verdad? ¿Estoy reflejando a Cristo con mis palabras? No podemos usar la lengua como herramienta de manipulación, no podemos usar juramentos para excusarnos de nuestra responsabilidad. La verdadera integridad se ve en lo cotidiano, en lo pequeño, en lo silencioso, en lo que nadie observa. Dios nos llama a vivir de manera que nuestra palabra sea confiable, que nuestro “sí” sea sí y nuestro “no” sea no, porque en esto se refleja Su gloria, Su justicia y Su santidad en nuestras vidas. Amén.

Previous
Previous

El verdadero sentido de la ley. Ojo por ojo.

Next
Next

El verdadero sentido de la ley. El divorcio.