El verdadero sentido de la ley. Ojo por ojo.

Mateo 5:38 “Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente”

 

Mis amados hermanos, durante estas últimas semanas hemos visto cómo nuestro Señor Jesucristo no vino a abolir la ley, sino a darle su verdadero significado, llevándonos directamente a Él por medio del entendimiento correcto de la ley. Como dice Romanos 3:20,“porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado”, es decir, Cristo hace un énfasis particular en esta parte de su sermón porque quiere mostrarnos realmente nuestra condición de pecado por medio de Su Ley, y de esta manera mostrarnos que El es nuestro único camino al Padre y nuestra única opción para llegar al reino de los cielos. Ahora, de ninguna manera El vino a contradecir a Moisés, ni mucho menos a corregirlo, en este momento esta es corrigiendo la mala interpretación de la ley por parte de los fariseos, una interpretación acomodada a sus propias pasiones y conveniencias tal cual lo vimos en los anteriores sermones. Sin duda cuando nos miramos en el espejo de la ley, vemos nuestra incapacidad de ser justos en nuestros propios méritos, todos sin excepción alguna necesitamos a Cristo. Ninguno puede alcanzar el Reino de los Cielos confiando en su propia justicia; necesitamos a alguien que cumpla perfectamente el estándar de Dios, y ese Salvador es nuestro Señor Jesucristo. En este contexto estudiaremos Mateo 5:38-42, donde Jesús nos enseña a morir al yo, a renunciar a la venganza y actuar por gracia frente a insultos, humillaciones y derechos personales.

Iniciamos con el v 38 “Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente.” A primera vista, esto puede sonar como un llamado a la venganza, pero debemos entender el contexto histórico y bíblico. La ley del talión, que vemos en Deuteronomio 19:15–21, no estaba dada para que cada persona buscara su propia venganza, sino para los jueces encargados de impartir justicia. Requerían dos o más testigos, investigación cuidadosa y sentencia proporcional y pública, con el propósito de limitar la venganza. La ley estaba diseñada para garantizar justicia, no para alimentar el orgullo humano, esta ley de Dios había sido dada para frenar el mal, y aplicar en justa medida los castigos por el mismo; es decir, que el castigo no sea excesivo o se quede corto como pasa muchas veces con la justicia humana.

Jesús continúa diciendo en el v 39“Pero yo os digo: No resistáis al que es malo.” Mis amados hermanos, esto no significa ignorar la justicia civil, ni que evitemos acudir a tribunales, ni que los países dejen de proteger a sus ciudadanos de los delincuentes. Pensemos por un momento que pasaría si sacáramos este versículo de su contexto y elimináramos la policía y las fuerzas del orden que resisten y luchan contra el mal, el mundo entero sería un caos, una anarquía, sin duda nuestro Señor Jesucristo esta exponiendo algo más con estas palabras. Lo que sí significa es que no debemos responder al mal con orgullo ni con venganza, con un deseo pecaminoso de hacer el mal como el otro me lo hizo a mí; sino confiar en la justicia de Dios, y en los casos que corresponda denunciar a aquellos que nos hacen mal y entregarlos a las autoridades establecidas por Dios y confiar en El, en ningún caso ir a tomar la justicia por nuestras propias manos. Nuestro Señor Jesucristo nos muestra aquí que renunciar a responder al mal con el mal no es debilidad, sino obediencia y santidad práctica. Mis amados hermanos preguntémonos: cuando alguien nos hiere, ¿mi reacción refleja la justicia de Dios o mi ego herido y deseos de venganza? Sin duda alguna la verdadera batalla no es externa, sino interna, Cristo nos invita a que rindamos nuestras reacciones humanas y deseos naturales a El, sin duda la ira surge del orgullo herido, pero cuidemos nuestras reacciones y no demos rienda suelta a esa ira, porque la santidad depende de someter el yo a la soberanía de Dios, reconociendo que solo Él puede juzgar con justicia.

Nuestro Señor continúa exponiendo: “A cualquiera que te hiera en la mejilla derecha…” lo primero que debemos analizar aquí es que en la cultura judía golpear la mejilla derecha con el dorso de la mano derecha era un insulto público, un desprecio cultural muy serio, no un intento de matar. Notemos el detalle en la lectura y veremos que se refiere es a esta humillación pública, el texto claramente dice “la mejilla derecha” y en una sociedad donde la gran mayoría era diestra no podían golpear con fortaleza si tenían que doblar la mano para golpear la parte derecha del rostro de la otra persona, es decir, era un golpe más de humillación grave que de castigo físico. Entonces, lo que nuestro Señor Jesús nos está diciendo es que soportar tal afrenta no es debilidad, sino poder bajo control. Seguro usted podría responder a esa humillación, golpeando de regreso a su agresor, pero Cristo aquí está llamando a la mansedumbre, y esta mansedumbre no es pasividad, sino obediencia;  pero recordemos, no se trata de un maltrato físico, sino de una humillación pública, Cristo nos invita a que soportemos estos tipos de agravios con mansedumbre, jamás nos invitaría a hacer algo que pusiera en riesgo nuestra vida, como por ejemplo si tu esposo te está golpeando en una mejilla no te está diciendo que le pongas la otra para que te siga golpeando hasta dejarte medio muerta, eso sería una interpretación errada del texto, de acuerdo al contexto y la cultura de la época, Cristo nos llama a actuar con mansedumbre ante los insultos y agravios, sin devolverlos o vengarnos, sino a soportar la ofensa con humildad y confiar en Su justicia. No tenemos otra opción que rogar a Dios para que nos revista de Su amor, de Su humildad y Su paciencia, porque en nuestras propias fuerzas vivir de esta manera es imposible. 

En el v.40 Jesús continúa diciendo: “Al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa.” La capa estaba protegida legalmente, y retenerla era ilegal según la ley del Antiguo Testamento (Éxodo 22:26 y Deuteronomio 24:12). Aquí encontramos un principio profundo que se entiende en el marco del contexto religioso para los judíos y el significado que tenía esta prenda de vestir. Era renunciar voluntariamente a un derecho legal, y esto nos es debilidad, sino amor y obediencia a la Palabra de Dios. El Señor quiere que amemos al prójimo de la misma manera que amamos a nuestros hijos y nietos y por eso renunciamos muchas veces a nuestros derechos para que ellos se vean beneficiados. El mejor ejemplo que tengo para explicarles este principio es el de un padre o un abuelo que renuncia voluntariamente a su parte favorita de la comida por dársela a su hijo o nieto, pienso que todos en ocasiones lo hemos hecho, porque amamos tanto a nuestros hijos que la satisfacción de verlos disfrutando algo es más grande que nuestra propia satisfacción. 

Jesús dice además en el v41 “Y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos.” Para entender esta referencia también debemos dar un vistazo a las costumbres de la época. Esta práctica llamada “angaria” era legal en el imperio romano y consistía en que un soldado podía obligar a un civil a llevar su equipo por una distancia de aproximadamente una milla romana. Pero la segunda milla era voluntaria, un acto de gracia y obediencia a Dios. Ir más allá refleja mortificación del orgullo y obediencia a Dios, es hacer algo que supere la obligación legal. Cristo nos invita a que no solo cumplamos con lo mínimo; ve más allá en amor y servicio, reflejando a Cristo en tu vida diaria.

Finalmente, Jesús nos enseña en el v42 “Al que te pida, dale.” Esto no significa irresponsabilidad; significa generosidad del corazón. 1 Juan 3:17 nos muestra que la verdadera fe se manifiesta en nuestras acciones con los que están a nuestro alrededor. La generosidad refleja nuestra dependencia en la gracia de Dios, y el amor por nuestros hermanos, pero repito, no de forma irresponsable, sino con sabiduría y amor, pensando en compartir con otros lo que Dios nos ha dado. Debemos practicar la generosidad en lo cotidiano y silencioso, sin esperar ser recompensados o aplaudidos, allí ya estaremos alimentando nuestro ego y lo que nació como un acto piadoso puede convertirse en algo pecaminoso. 

Al meditar en estos versículos vemos que el cristiano crucificado con Cristo no es vengativo, sino que confía en la justicia de Dios, es capaz de renunciar con amor a sus propios derechos, puede soportar insultos y agravios, puede actuar con mansedumbre, puede ir más allá de lo estrictamente requerido y por gracia puede dar la milla extra, y es generoso en silencio. Mis amados hermanos que el Señor Jesucristo nos conceda en su infinita misericordia parecernos cada día más a Él, a que podamos aplicar esto que hemos aprendido y que por medio de su Espíritu Santo y su Poderosa Palabra nos moldee a esta medida que sin duda alguna está fuera de nuestro alcance en nuestra humanidad, por lo tanto, roguemos día a día para que Aquel que empezó la buena obra en nosotros la siga perfeccionando conforme a Su Divina Voluntad. Amén.

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