Propósito para el nuevo año

1 Corintios 15:58“Asi que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.”

 

Por la gracia y la misericordia de Dios estamos cerrando un año más sobre esta tierra, este año 2025 que está terminando ha pasado en frente de nuestros ojos de una manera fugaz, Dios ha permitido diferentes eventos y situaciones en cada una de nuestras vidas, pero sin duda alguna, todo ha sido en beneficio de los que le amamos, Dios nos ha enseñado, nos ha formado, nos ha instruido, nos ha hecho volver a poner los ojos en Jesús, nos ha moldeado con diferentes circunstancias conforme a sus Divinos propósitos. Hemos sido testigos de Su amor, de Su misericordia, de Su bondad, de Su gracia, hemos sido llenos de Su Palabra y su Santo Espíritu, hemos recibido de Su parte aliento en medio de la prueba, fortaleza en medio de la enfermedad, consuelo en medio de la tristeza, y por encima de todo, hemos recibido Su perdón y salvación por medio de la fe en su Hijo, en medio de nuestro pecado y humanidad. Al terminar este año sin duda alguna en nuestro corazón no puede haber más que gratitud y adoración al Dios eterno y sublime, grande en misericordia que nos sostuvo de Su mano cada uno de los días de este año que está terminando. Podremos sin duda afirmar “Hasta aquí nos ayudo Jehova” (1 Samuel 7:12). Pero con el cierre del año además de los balances y conclusiones a nivel espiritual, familiar, personal, entre otros balances que solemos hacer, surgen unas preguntas: Cuáles serán los propósitos del año que inicia? Que rumbo vamos a tomar? Cuáles son los planes que el verdadero creyente deberá hacerse para el nuevo año conforme al modelo Bíblico? En base a la Escritura estudiaremos el propósito que el verdadero Hijo de Dios debe tener como meta principal de su vida para el nuevo año. 

Y para hacerlo vamos a detenernos en uno de los versículos más conocidos y a la vez más profundos del apóstol Pablo, un texto que podemos citar con facilidad, pero que solo puede ser comprendido correctamente cuando lo leemos a la luz de todo su contexto. El versículo 58 del capítulo 15 de 1 Corintios no aparece de manera aislada, sino que es la conclusión de una de las exposiciones doctrinales más extensas del Nuevo Testamento, donde Pablo ha defendido la resurrección de Cristo, y con ella la certeza de nuestra propia resurrección. A lo largo del capítulo, el apóstol ha mostrado que sin la resurrección la fe sería vana, la predicación inútil y la vida cristiana absurda; por eso, cuando llega a este versículo, no está añadiendo un pensamiento nuevo, sino aplicando de manera directa todo lo que ya ha enseñado. De hecho el versículo inicia con las palabras “Así que” lo cual nos lleva directamente a lo dicho por el apóstol inmediatamente antes de expresar las palabras de nuestro texto base del día de hoy. 

Pero cuál es exactamente el contexto de estas palabras? En la iglesia de Corinto algunos no creían en la doctrina de la resurrección (15:12) por eso el apóstol expone contundentemente que la resurrección de nuestro Señor Jesucristo es innegable y además, la base de nuestra esperanza para la eternidad. Pero porque algunos dentro de la iglesia no creían en la resurrección? Debemos entender que en aquellos días el pensamiento de la escuela griega había influenciado incluso a muchos dentro de la iglesia, los postulados de Aristóteles, Platón, entre otros, habían estado en la mente y la cultura durante cerca de 400 años a nivel mundial y habían permeado el pensamiento incluso de los mismos cristianos. Atenas era considerada la cuna de la sabiduría humana y la filosofía, y es allí a donde el apóstol va a predicar el evangelio de Jesucristo (Hechos 17:16-34). En este conocido discurso en el Areópago, en su conclusión vemos como ellos no creían en la resurrección (Hechos 17:32). Entonces esta idea equivocada, había llegado al corazón de algunos dentro de la iglesia, por lo cual Dios inspira al apóstol para atacar este falso pensamiento con contundencia y claridad a lo largo de todo el capítulo 15 de 1 Corintios. 

Ahora si, entendiendo el panorama completo podemos entrar a estudiar el verso 58; “Así que, hermanos míos amados”, una expresión que nos obliga a mirar hacia atrás y comprender que lo que sigue es consecuencia directa de la doctrina expuesta. La doctrina de la resurrección, de la defensa del verdadero evangelio expuesto desde los primeros versos de ese capítulo 15, pero cuál es el verdadero evangelio? Claramente nos dice que Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras, que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras (15:3-4). Esta es la base de este primer énfasis:la firmeza nace de la doctrina, no del carácter humano. Pablo no está apelando a la fuerza de voluntad ni a la estabilidad emocional del creyente, sino a convicciones firmemente ancladas en la verdad del evangelio, o en otras palabras debemos estar firmes y constantes en lo único que nunca cambia, en lo infalible, la Palabra de Dios, la doctrina Bíblica. La Escritura nos recuerda que el creyente no es firme porque confíe en sí mismo, sino porque está edificado sobre un fundamento inamovible. Por eso el mismo apóstol escribe: “nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” (1 Corintios 3:11). Cuando la mente está cimentada en la verdad del evangelio de Jesucristo, el corazón encuentra estabilidad, podemos llegar a estar firmes y constantes. No somos firmes porque seamos fuertes por nuestra propia capacidad sino porque Cristo es fiel y su palabra no se equivoca, en El y solo en El podremos mantenernos firmes sin movernos. Mis amados hermanos, en este nuevo año afirmémonos en la Escritura, no busquemos otros evangelios, tengamos cuidado con las “nuevas enseñanzas” y rechacemos todo aquello que se salga de la Escritura, profundicemos en ella, afirmémonos y estudiemos con constancia en este nuevo año las verdades contenidas en ella, porque solo allí encontraremos palabras de vida eterna. 

En segundo lugar, el verso continúa diciendo “creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano”. Aquí encontramos el segundo punto del mensaje de día de hoy: la resurrección le da sentido eterno al trabajo del creyente. Pablo no promete que el servicio será fácil ni visible, pero sí afirma con contundencia que no es en vano. Esta verdad también está en (Hebreos 6:10). Aun cuando los resultados no sean evidentes, aun cuando el cansancio se acumule, Dios ve, recuerda y da valor eterno a todo lo que se hace para Su gloria. La resurrección garantiza que nada hecho en el Señor se pierde en el vacío del tiempo, nada de lo que hagamos para Dios es en vano.

En tercer lugar, el apóstol Pablo no separa la firmeza del crecimiento, porque la verdadera firmeza o estabilidad cristiana nunca produce pasividad. Así llegamos al tercer punto de énfasis: la firmeza cristiana no es pasiva, sino activa. El apóstol Pablo une el estar firmes con el crecer en la obra del Señor. Y la palabra crecer allí hace referencia al avanzar, al profundizar, al abundar.  La Escritura nos enseña que la esperanza futura impulsa la obediencia presente. Como dice el autor de Hebreos, “retengamos firme la profesión de nuestra esperanza sin fluctuar, porque fiel es el que prometió” (Hebreos 10:23). El creyente que comprende la fidelidad de Dios no se detiene, sino que persevera; no se conforma, sino que sigue adelante en el servicio, aun cuando las circunstancias sean adversas. Sin duda alguna la doctrina viva produce acción constante, mis amados hermanos no podemos detenernos, Dios nos llama a seguir adelante, a que crezcamos en la obra del Señor siempre.

Por último, también podemos ver en este versículo que la resurrección es un antídoto contra el desánimo espiritual. El creyente puede seguir adelante porque sabe que su esperanza no está puesta en esta vida y no se deja vencer por el desánimo. El mismo Pablo lo había dicho antes en este capítulo: “si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres” (15:19). Pero nuestra esperanza va más allá de lo visible y lo inmediato. La resurrección nos asegura que el sufrimiento no es el final, que la fidelidad no es olvidada y que el cansancio no será eterno. Dios dará fruto a su tiempo, mis amados hermanos el desánimo, las desepciones, las tristezas, el dolor, la fatiga no nos pueden detener, no nos dejemos desanimar espiritualmente por las situaciones externas que nada tienen que ver con nuestro Señor Jesucristo, El es fiel, El es puro, El es santo, El es digno. 

Mis amados hermanos la Escritura el clara, Cristo resucitó, nuestra fe no es vana, nuestro trabajo no es inútil y, por lo tanto, podemos vivir firmes, constantes y abundantes en la obra del Señor. No perseveramos para ganar la victoria; perseveramos porque la victoria ya fue asegurada en Cristo. Que en este nuevo año el Señor nos conceda una fe profundamente arraigada en la verdad de Su palabra, un servicio constante aun en medio del cansancio y una esperanza que no se apague con el paso del tiempo, sabiendo que todo lo que hacemos en el Señor tiene valor eterno, porque la tumba está vacía y Cristo reina para siempre, y así como El resucitó, así mismo lo ha prometido un día para nosotros cuando nuestros cuerpos sean transformados y podamos decirle a la muerte dónde está tu aguijón? Donde o sepulcro tu victoria? Gracias sean dadas a Dios quien nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. Amén. 

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