Venga tu reino. Hágase tu voluntad
Mateo 6:10 “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.”
Hace unos domingos entramos en un tema fundamental en la vida de nosotros como creyentes; la oración, el medio que Dios dispuso para que nosotros sus hijos podamos estar en comunicación con nuestro Padre. Y hemos visto como nuestro Señor Jesucristo expuso primero como No orar, y ahora nos muestra la forma correcta de hacerlo. Pero al hacerlo no nos pide que repitamos, sino que usemos este modelo en nuestras oraciones como una guía, no como un libreto. E iniciamos este estudio viendo a Dios como Padre, lo cual implica que por gracia y misericordia Divina hemos sido adoptados como sus hijos, lo cual le da gloria a Él y no a nosotros por la posición inmerecida de la que gozamos hoy solamente por Su bondad. Podemos acercarnos confiadamente al trono de Su gracia en oración porque hemos sido aceptados por Dios en Cristo. Por lo tanto la oración debe iniciar santificando Su Nombre, Su grandeza, Sus atributos, Su Divinidad; sin duda alguna la oración bíblica debe iniciar con Él como eje central, nunca en nosotros.
En este mismo marco, nuestro Señor Jesucristo continúa exponiendo el modelo de la oración bíblica diciendo “Venga tu reino”. Esta no es una petición superficial ni solamente futura, mis amados hermanos esta es una declaración en contra del señorío interno del ser humano. Pero antes de entrar a profundizar en este tema es importante dejar en claro que el reino de Dios no es solo un concepto escatológico, sino una realidad presente, o en otras palabras Dios siempre ha sido y será por siempre Rey independientemente de lo que piensen o hagan sus criaturas, tal cual lo expresa el Salmo 103:19; pero ese Reino eterno se ha acercado a nosotros los hombres para salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo (Lucas 17:20-21), Cristo es el Rey, y ese Rey se ha acercado como redentor a nosotros la raza humana. Pero también ese Rey será reconocido en el futuro por todos los que están en los cielos y en la tierra y debajo de la tierra sin excepción alguna según Filipenses 2:10-11, o como lo expresa también Apocalipsis 19:16. Entonces mis amados hermanos todo esto nos muestra que ese Reino no es únicamente algo que esperamos, sino algo que ya ha comenzado a manifestarse en las vidas de aquellos que vienen en arrepentimiento y fé a los pies de Cristo como Salvador y Rey. Y esto es crucial, porque cuando oramos “venga tu reino”, estamos diciendo: Señor, destrona todo aquello que aún quiere reinar contigo en mi corazón, porque solo Tú debes reinar, solamente Tú eres Rey.
Pero esta petición no se puede quedar solamente en algo que decimos externamente, sino que nos confronta internamente. Porque nadie puede orar sinceramente “venga tu reino” mientras sigue defendiendo su propio pequeño reino personal. O rindiendo ante Cristo solamente algunas áreas de nuestra vida, diciendo Señor tu reinas sobre mis palabras, pero mis finanzas si las quiero manejar yo, o tú reinas sobre mi salud, pero mis decisiones amorosas y mis emociones las quiero gobernar yo, entre otros ejemplos. Esto es totalmente anti bíblico, Dios debe y quiere reinar sobre todas las áreas de nuestra vida, El es el Señor y Rey, y si queremos someternos a Su reino no puede ser de manera parcial, si queremos llamarlo Señor debemos someternos a hacer todo lo que él Señor dice (Lucas 6:46). Sin duda en este punto algunos de nosotros entramos en un conflicto interno, porque el ser humano no solo quiere independencia, sino que desea control, nos llenamos de ansiedad cuando sentimos que algo se escapa de nuestro control, pero la realidad mis amados hermanos es que no tenemos control sobre absolutamente nada, ni siquiera de lo más sencillo y vital como un respiro, somos totalmente y literalmente dependientes de Dios en Todo, si respiramos es por Su misericordia y Su gracia inmerecida. Por eso esta oración nos confronta, porque no se trata solo de esperar el reino, sino de rendir el propio trono de nuestro corazón todos los días.
El verso continúa diciendo “Hágase tu voluntad” y esto profundiza aún más esta rendición, porque no se trata simplemente de aceptar lo que Dios permite, sino de desear activamente la Voluntad de Dios y entenderla como lo perfecto para cada uno de nosotros. Tal como declara el Salmo 40:8, “el hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado”, vemos que el verdadero creyente no se resigna porque no tiene otra opción, o porque está obligado, de ninguna manera, al contrario, es un deleite la voluntad de Dios. Y esto es profundamente sobrenatural, porque el corazón humano natural no desea la voluntad de Dios, sino la suya propia, por eso los creyentes ya no somos hombres naturales, sino que Dios nos ha hecho nacer de nuevo por medio de Su Palabra y la obra de Su Espíritu Santo y entendemos que la voluntad y planes de Dios son mayores y perfectos, los nuestros no, por lo tanto podemos descansar en que Su Voluntad es buena, agradable y perfecta y nos sometemos a ella. Mis amados hermanos la petición no es “que se haga lo que tenga que pasar”, sino “Señor, haz en mí lo que Tú quieres, incluso si eso contradice lo que yo quiero”. Roguemos a Dios que nos ayude a amar y a hacer Su voluntad por encima de la nuestra.
Por último, “Como en el cielo” establece el estándar absoluto de esta petición, porque nos muestra cómo se obedece a Dios en la realidad celestial: de manera inmediata, perfecta y sin resistencia. Tal como enseña el Salmo 103:20, los ángeles “ejecutan su palabra”, lo cual revela una obediencia sin retraso, sin discusión y sin rebeldía. Y es precisamente eso lo que estamos pidiendo: que esa realidad celestial comience a manifestarse en la tierra, empezando en nosotros. Sinduda alguna todos en alguna medida luchamos con esto. La Escritura lo deja claro en Gálatas 5:17, “porque el deseo de la carne es contra el Espíritu”. Esto significa que existe una resistencia interna constante al gobierno de Dios, y por eso esta oración no puede ser superficial, porque choca directamente con el ego humano, con el deseo de control y con la autosuficiencia del corazón. Debemos ser honestos delante de Dios, es posible repetir estas palabras sin rendirnos a ellas, pero sabemos mis hermanos que solamente nos engañaríamos a nosotros mismos. Porque decir “venga tu reino” mientras se mantiene el propio reino es una contradicción espiritual. Es imposible que existan dos reinados, el trono de Dios y el trono del yo. Mis amados hermanos la vida del cristiano entonces no es de conveniencia o de lo que yo piense o quiera, sin duda alguna esta es una vida de rendición continua, reconociendo que cada decisión, cada camino y cada deseo debe estar bajo Su dirección soberana. Esto no puede ser teoría, mis amados hermanos, debe ser vida práctica bajo el gobierno de Dios, debe verse evidenciado en nuestras decisiones, palabras, pensamientos y acciones.
Pero al mismo tiempo, esta verdad no solo confronta, también consuela profundamente al creyente. Porque si Dios realmente reina y Su voluntad es perfecta, entonces nada en la vida del hijo de Dios es accidental. Tal como afirma Romanos 8:28, lo cual nos recuerda que incluso aquello que no entendemos está bajo el gobierno sabio de nuestro Padre celestial.
Por lo tanto, cuando oramos “venga tu reino. Hágase tu voluntad”, no estamos pronunciando una fórmula religiosa, sino declarando una rendición total del corazón, estamos diciendo Señor, destrona mi ego, gobierna mi vida, somete mis deseos y cumple Tu propósito en mí, el cual sobrepasa por mucho mis propios planes. Por lo tanto mis amados hermanos, la pregunta final no es si entendemos estas palabras, sino si estamos dispuestos a vivir bajo lo que ellas dictan, porque esta oración no fue dada para ser repetida solamente, sino que nos muestran que Dios quiere formar un pueblo completamente rendido a Él, que confía, desea y ama Su voluntad por encima de todo, incluyéndonos a nosotros mismos. Amén.
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